Una declaración saludable

Del lobo un pelo, dice un viejo refrán y algo es algo decimos en nuestro país. Así, por mínimo que sea, quien ha sido crítico con la política del gobierno ante el caso venezolano, está en el deber de acoger con buen ánimo la declaración del canciller Roberto Álvarez, según la cual el Gobierno dominicano retira el reconocimiento al inexistente gobierno de Juan Guaidó y agrega que debe haber una salida negociada con el presidente Nicolás Maduro como interlocutor.

La realidad se ha impuesto. Lo de Guaidó no pasó de una vulgar caricatura y no sé cómo tantos países acompañaron a Estados Unidos en eso de pretender darle categoría de jefe de Estado a un sujeto que sin que nadie lo haya votado para el cargo, se proclama presidente en ejercicio, cuando nunca tuvo control ni de un metro del territorio venezolano ni poder para hacer cumplir ninguna de sus decisiones. Mucho duró ese mamotreto para terminar de morir sin pena ni gloria.

De todos modos, saludemos el hecho de que el gobierno nuestro se haya inclinado ante la realidad, deje a Guaidó en su laberinto y aunque siga diciendo que rechaza a Maduro, reconozca que es con él con quien hay que sentarse a hablar.

Entre las cosas que deben reconocérsele al presidente Luis Abinader, hay que incluir el sentido del equilibrio y el aplomo con que se maneja en los asuntos internos. Ojalá el anuncio del canciller indique que en lo adelante se manejará con ese mismo estilo frente a Venezuela.

El Presidente tiene la oportunidad de hacerle un gran aporte a la coexistencia pacífica y la paz en la región, pero si con esto no peco, debo advertir que no se puede hablar de dialogar con Maduro si al mismo tiempo se le acosa y se le desconoce. Maduro no le puede dar la mano al que tiene el puño cerrado para golpearlo.

Yo tampoco apoyo todo lo que Maduro dice y hace, pero lo ha llevado a donde está y él se ha ganado el derecho a ser soberano.

Maduro siempre ha estado dispuesto al diálogo. Recordemos que en nuestro propio país se concertó un acuerdo que no se suscribió, porque intervino Washington y se saboteó la firma.

Ojalá el gobierno nuestro vuelva sobre sus pasos y recupere su calidad de mediador en este conflicto que nunca hubiese llegado a donde está si hubiesen dejado a los venezolanos manejar sus propios asuntos.