Un prejuicio y su dosis exacta

Las absolutizaciones nunca son buenas, sobre todo aquellas que tienden, como decimos en Cuba, a meter a todo el mundo en el mismo saco. El coronavirus también ha venido a desmentir generalizaciones exageradas y prejuiciosas como la de quienes, comparaciones de época mediante, afirman que la juventud cubana está perdida.

A cada rato se escucha esa frase, y cualquiera que se deje llevar por expresiones recientes de incivilidad u otros desafueros —que no siempre son patrimonio exclusivo de los de menos edad— pudiera pensar hasta que se corresponden con ciertas dosis de verdad.

Pero cuando el año 2020 pase a la posteridad como el de la pandemia, la incertidumbre y la crisis, se tendrán contrargumentos suficientes para desmentir esas visiones, que muchos afirman que se repitieron por los siglos de los siglos como reacción ante los cambios generacionales.

Frente a expresiones aisladas de desmesura o desvaríos de actuación habrá que exaltar las hermosas páginas escritas por jóvenes, quienes cotidianamente aportan a la respuesta cubana contra la pandemia —que liderada por las autoridades políticas, estatales y gubernamentales— involucra a la mayoría, consciente y protagónica, de la sociedad. Todo ello en un escenario de carencias, presiones y acosos diversos que buscan provocar un estallido social.

La nueva misión sanitaria y humanista, emprendida en una situación de crisis general en el mundo con altísimos impactos internos, fue asumida por amplios segmentos de nuestra juventud voluntariamente con la profesionalidad, la conciencia, los saberes, la pasión y los valores humanos formados en estos años de Revolución.

Desde el momento mismo en que se conoció sobre el peligro de la enfermedad y se hizo evidente que en algún momento podía alcanzarnos comenzó la preparación de las nuevas generaciones. Y cuando llegó al país, la primera respuesta masiva fue respaldar las medidas dispuestas por el Gobierno y las autoridades sanitarias para evitar su propagación, sabiendo que era tiempo de cuidarnos y de no poner en riesgo a aquellos que queremos.

Los estudiantes de Ciencias Médicas fueron los primeros en asumir esta batalla. Más de 47 000 han llegado a millares de hogares sin otra identificación que la transparencia de sus ojos y la base humanitaria de sus sentimientos, buscando el menor indicio, en una tenaz pesquisa activa, esencial para mantener a raya el virus, con una peligrosa capacidad de propagación.

A otros estudiantes y jóvenes también los hemos visto en barrios y comunidades, en el pesquisaje y en muchísimas labores más. Cada sitio deviene hervidero cuando llegan a una zona roja, a un centro de aislamiento, a las zonas en cuarentena, a los hospitales… También se les ve como mensajeros atendiendo a los más vulnerables, como personal de apoyo en la limpieza y lavandería, organizadores de colas, «inspectores» de transporte o pequeños productores de alimentos.

Esa disposición para hacer el bien por su país y sus conciudadanos fue canalizada con la decisión de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de conformar las brigadas Jóvenes por la vida, que llegaron a completar más de 2 555 en el país y están a disposición de las urgencias y solicitudes de los Consejos de Defensa municipales y provinciales. Jóvenes por la vida, sí, porque ese fue el sentimiento que movió a todo nuestro pueblo desde que empezó esta pelea: defender la vida de nuestra gente.

Aun cuando la UJC tuvo que adaptar su funcionamiento y quehacer a la actual y compleja situación epidemiológica —como ha dicho el Primer Secretario de la organización— a las nuevas generaciones no les ha faltado «ese deseo de contribuir, de hacer, crear, de participar… de obrar todo el tiempo desde la sencillez, con responsabilidad, disciplina, seriedad y sentido de pertenencia».

No falta tampoco razón a los que denuncian que, sin embargo, han existido conductas negligentes de algunos jóvenes ante las medidas orientadas. Es verdad que son los menos, pero ello no puede echar por tierra la labor de la mayoría, el trabajo de quienes han estado en la primera línea de enfrentamiento a la pandemia.

Como decía en julio último José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido, en su entender «aquella frase que estuvo por un tiempo gravitando, referida a que la juventud está perdida», ya no es algo que «se menciona» porque lo han ido demostrando. «A lo largo de estos últimos años han tenido tareas muy significativas, se han podido destacar, han ido a lo concreto».

Y es que «en la edad de la fuerza, la pasión, y el gusto por los desafíos» —como dijo también el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez—, los jóvenes eligieron «canalizar sus energías en el lugar más riesgoso y cumplir sencillamente con el deber en las tareas más humildes… Ustedes han encontrado su Moncada, y es muy bueno que existan jóvenes como ustedes en la Patria».

Por: Yuniel Labacena Romero

El autor es cubano y vive en la isla.