Un despropósito en el Senado

 

El Senado de la República aprobó por mayoría cambiarle el nombre a la avenida Charles Sumner por el de Rafael Corporán de los Santos.

Conste que reconozco los méritos de Corporán, hijo del pueblo, que con esfuerzo supo convertirse en uno de los más populares y afortunados empresarios radiales. Merece que se le honre.

Pero honrar a Corporán a cambio de borrar el nombre de Charles Sumner es el peor acto de ingratitud histórica que puede cometer un dominicano. Nacido en Boston, en 1821, Sumner fue senador por Massachusetts, por primera vez en 1850.

Abogado, profesor de Derecho Político y de Derecho Civil en la Universidad de Cambridge, escritor de finísima pluma, orador elocuente, luchador por la libertad de los esclavos, sufrió un atentado que por poco le cuesta la vida el 22 de mayo de 1856.

Senador de nuevo en 1859, presidente del Comité de Asuntos Extranjeros del Senado, posición desde la cual puede decirse que salvó de una segura muerte a la República Dominicana.

Yo sé bien que los honorables senadores saben que desde que Buenaventura Báez llegó al poder por cuarta vez, el 2 de mayo de1868, ese vende patria incorregible se apandilló con el presidente norteamericano Ulises Grant para anexar la República Dominicana a los Estados Unidos.

Que los generales José María Cabral, Pedro Antonio Pimentel y Gregorio Luperón, otros patriotas insignes como los hermanos Ogando, Eusebio Manzueta, José Cabrera, Marcos Adón, mantuvieron la resistencia armada, con el apoyo de Haití, contra los planes anexionistas. Intelectuales en el exilio también los combatieron, pero en el mismo corazón del naciente imperialismo, en el Senado, quien le dio el tiro de gracia a la anexión fue Charles Sumner.

Sumner conmovió a Estados Unidos, venció con sus discursos las propuestas de Grant y el plan anexionista se vino al suelo. Pena que no podamos transcribir aquí fragmentos siquiera de esos discursos memorables.

Entonces terminemos con lo que sobre Charles Sumner y su obra, dijo una vez don Américo Lugo, quien lo definió como: “El más idealista de los hombres públicos norteamericanos y la gloria política más pura de los Estados Unidos… El más erudito de los estadistas de su patria…, era un Fox, por la diamantina pureza de su sentido moral…

Sumner, en el 1870, salvó con dos discursos a la República Dominicana y aún puede decirse que a la isla entera, de las garras de Grant… con lo cual sirvió con grandeza a Hispanoamérica toda”. No más palabras, señores senadores.