Romper el bipartidismo sin votos….

Por: Fransico S. Cruz

Ya el transfuguismo -una vieja práctica política en tiempo de zafra electoral- hizo posible cambiar la adjudicación-composición del Consejo Nacional de la Magistratura; ahora, esos mismos vientos -de tejemanejes, alianzas  y acomodamiento- amenazan con hacer desaparecer, sin votos, un fenómeno sociopolítico que en la historia política-electoral nacional, por poner un ejemplo, al extinto profesor Juan Bosch -expresidente- y al PLD le costó casi dos décadas romper y lograr abrirse espacio entre un PRSC y un PRD que se turnaban mayoría electoral en medio de liderazgos, fraudes-chicanas (PRSC-Joaquín Balaguer) y denuncias internacionales -PRD-José Francisco Peña Gómez (1978); pero, sobre todo, a fuerza de construir sustentación o raigambre social y posicionamiento electoral.

Quizás, el bipartidismo no sea un fenómeno sociopolítico adecuado para garantizar y fortalecer un sistema de partidos, y si se quiere -como ha dicho el presidente de la JCE para asignar  distribución de fondos a los partidos- justo, pero, ¿cómo imponer otro criterio sin cambiar  la legislación o las reglas-tradición para procurar una suerte de “equidad institucional”, y más cuando es evidente que tan loable aspiración “institucional” viene, a la vista de todos, a complacer el ego-impostura de un liderazgo, en declive, que no se resigna, siquiera, a una realidad política-electoral-coyuntural? Eso sería igual que complacer majadería de niños…, ¿o no?

A estas alturas, nuestro país no debería, ni le luce, estar complaciendo apetencias de ningún caudillo, y para colmo si ya fue tres veces presidente y se empecina en lograr sus obsesiones políticas-electorales en aparente marco de legalidad, mientras tras bambalina, de seguro, aprieta la tuerca de un entramado de poder que es como sabemos de colindancias políticas-fácticas. ¿O nos vamos a leer las cartas entre gitanos?

Las recientes opiniones del presidente de la JCE sobre cómo deberían distribuirse los fondos que se asignan a los partidos están bien; pero expresadas justo después que la institución que preside decidió al respecto, es como ir en contra de una decisión colegiada, y más que ello, y quizás sin quererlo, minarla…

Claro que, también, es de derecho consagrado, de cualquier partido u organización política, objetar una decisión de la JCE; pero no podemos olvidar cómo un vulgar transfuguismo hizo mudanza de siglas y se burló de la voluntad libérrima ciudadana expresada en las urnas a favor de un partido -el PLD- para luego torcer o cambiar de carril para satisfacer un ego político-electoral y alcanzar voto decisorio en la correlación representativa de poderes públicos y, por vía de consecuencia, seguir gravitando en la vida nacional así sea con mañas y acuerdos de aposentos……

Entonces, si es a ese precio que queremos romper atavismo e inequidad política-electoral; mejor que lo hagamos con reformas y no por capricho de un “caudillo ilustrado” que ya es demasiado patente su obsesión-fijación en querer ser ombligo político nacional. ¡Así no!