¿Por qué Aristipo Vidal?

Por: Francisco S. Cruz

Negar que el PLD, post-derrota, atraviesa por una etapa difícil sería un ejercicio de hipocresía o asumir el nada aconsejable complejo de avestruz para el que no tengo vacación ni formación, pues prefiero no engañarme ni recitar embustes -a mi edad-. ¡Qué va!

Lo primero, es que el PLD aún es un partido político -así sea maquinaria electoral de líderes formados, experiencia de estado y fraguados en el tejemaneje de la política u oficio-, y quizá “El último mohicano” en su especie-génesis -de cuadros-masas-, a pesar de extravíos doctrinarios-ideológicos y errores en el ejercicio del poder, pero nada que no pueda superar y salir airoso, siempre y cuando, su cúpula sepa medir bien los tiempos y abrir trochas, entre matorrales y guasábaras, para mirar, con amplitud y porvenir, el bosques y los nubarrones ventosos cuyas brisas asoman. No hay que ser adivino.

Pero vayamos al grano: ¿por qué Aristipo Vidal? Es sencillo: sería un secretario general de transición -en el 2024, bien podríamos tener un/a joven ya experimentado/a y de vaho-olor a comité de bases- de basta trayectoria partidaria, dispuesto hacer horario de obrero -porque ya nos dimos de lujo, formado y apto, pero solo de título-, capaz de asumir, sin dorar la píldora, una línea política partidaria sin subterfugios o poses; y, por último, porque tiene la combinación perfecta del centauro -del que hablaba Maquiavelo-: es mitad razón y mitad rebeldía callejera -por si el arte de ser oposición cambia de diálogo o modalidad-.

Y es cierto, el PLD es una cantera de dirigentes -no olvidemos, Bosch formó una escuela política (quizá la única)- fraguados y formados para el ejercicio profesional de la política y el poder -ahí, por más que se diga, han descansado los éxitos del PLD-, que sabe construir mayoría electoral, hacer alianzas; pero mas que nada, tiene una historia de construcción partidaria y sabe subir y bajar del poder sin traumas ni resquemores, ni muchos menos, como ha sido víctima, de estar regateando o no reconociendo derrotas -como tuvo que soportar en el 2012 y 2016, aun ganando con cierta holgura o, sentando un precedente histórico político-electoral como en el 2016-.

Sin embargo, y volviendo a lo difícil del momento actual, quisiera reiterar, y los peledeístas me entenderán, que hay preceptos estatutarios que, por ahora y quizás por siempre, deberían quedar intactos e intocables por ser la esencia de la democracia interna y la expresión de la necesaria legitimidad partidaria; aunque nos cueste…, y otra cosa: evitemos, las sorpresas porque la mejor garantía, de respeto y paz, nos la depara lo que se informa a tiempo cuando se trata de preservar entusiasmo y confianza. ¡Esto que no se eche en el saco del olvido!

Por último, un secretario general localizable, dispuesto y presto para todos vale mas que un lujo o, que una impostura. En definitiva, ya sabemos qué queremos y eso nos preservarás. ¡Pensémoslo!

Aristipo Vidal, secretario general…!

                                                                         

 El autor es político y ensayista