Paternalismo y socialismo, dúo anómalo

Por: Ricardo Ronquillo Bello

ronquillo@juventudrebelde.cu

La Revolución cubana enseñó a dar por justicia lo que antes se daba por caridad… La frase no es de un teórico o hacedor de la Revolución, sino de alguien que vivió, desde una posición peculiar, el remolino arrasador de sus inspiraciones y cambios.

Se trata de un Padre santiaguero de la compañía de los Jesuitas, a quien conocí en época de estudios universitarios, mientras intentaba encontrar su más profundo sentido rectificador a la decisión de abrir las filas del Partido Comunista de Cuba a quienes profesaban creencias religiosas.

Nadie con un mínimo de fibras humanas cuestionaría, por supuesto, a instituciones o personas con vocación caritativa en un mundo plagado de maldades, estratificaciones e injusticias espantosas.

La compasión, enlazada hasta en su significado con la piedad, el altruismo y la humanidad, es uno de los más estremecedores sentimientos de los seres pensantes, además de un alivio para tantos dolores sociales. Pero seguramente coincidiríamos en que no pasa, como solución, de esa condición de alivio, la mayoría de las veces circunstancial y pasajero.

Lo mismo podría afirmarse de la compleja relación de convivencia, o connivencia, forjada no pocas veces entre la justicia y el paternalismo, en la mayoría de los casos con la mejor de las intenciones.

La anterior paradoja es una de las más latentes y complejas en la Cuba que busca sacudirse de las deformaciones del modelo político heredado del siglo XX y avanzar hacia una concepción que, como ya se ha dicho, aspira a más socialismo y no el regreso a lo que el Che Guevara llamó las armas melladas del capitalismo.

Resumido así parecería muy fácil, lo difícil realmente es avanzar hacia una noción más plena y certera de la igualdad y de la justicia, nunca conocida hasta ahora en el mundo, en medio del grave pugilato entre capitalismo y socialismo.

Ahora mismo, mientras las autoridades y la sociedad cubana intentan reacomodar la estrategia anti-COVID-19, para conciliar la persistencia del virus con el desenvolvimiento de la vida social, política y económica, reflota —por debajo de los partes y las curvas más o menos benévolas y sus implicaciones— el viejo dilema entre la responsabilidad individual, familiar, comunitaria y a otras escalas y el papel del Estado y su sistema de instituciones.

 Lo mismo podría decirse del conjunto de decisiones que, en respuesta a los acuerdos y proyectos políticos y gubernamentales que redefinen el curso del socialismo en el país, intentan alejarnos de una visión demasiado verticalista y estado-céntrica.

Tal como sostenía el Che, el ideal del socialismo se aleja con un Estado desproporcionado y que anule tanto la responsabilidad como la libertad y la iniciativa del individuo y de otras estructuras y fuerzas sociales. Se trataría del delicado filo de un Estado ni omnipresente ni ausente…

Esa es una de las razones básicas por la que numerosos revolucionarios cubanos llaman a refundar nuestra plataforma humanista, posibilitando a las personas un protagonismo efectivo y deslindando entre humanismo y humanitarismo. Ello implica conferir a las personas y las instituciones de la sociedad un real protagonismo, hacerlos objeto y sujeto de las transformaciones.

Contrario a lo que puedan considerar algunos, el paternalismo no es una criatura política surgida con el socialismo. Los estudiosos más profundos encuentran sus trazas desde los filósofos antiguos, pasando por la fundamentación de la monarquía y el capitalismo, que trató de emplearlo como forma de anular mayores y más radicales apetencias populares de justicia, con proyectos, por ejemplo, como el llamado «paternalismo industrial».

El término, incluso, es anglosajón y apareció definido en el siglo XIX en el Oxford English Dictionary, en una primera acepción como el principio y la práctica de la administración paternal; el gobierno como un padre; la pretensión o el intento de suplir las necesidades o regular la vida de una nación o comunidad de la misma forma que un padre hace con sus hijos. En ese catálogo ya mencionan como ejemplos del uso del término artículos periodísticos de finales del siglo XIX, que se referían a las relaciones laborales y entre las metrópolis y sus colonias.

 Ya en este cismático siglo XXI es como si Ernesto Guevara, a 53 años de su cobarde asesinato en La Higuera, nos alertara —con su cardinal respuesta a Carlos Quijano conocida como El socialismo y el hombre en Cuba—, que en definitiva de lo que se trata este sistema es de liberar al hombre de toda «enajenación», incluyendo aquella que pueda provocarle una alteración del papel y la responsabilidad del Estado, que erosiona la verdadera y plena justicia.

El autor es Cubano y reside en la isla.