Murió Mike East, el hombre que arrió la bandera de Estados Unidos en La Habana en 1961.

Vestidos con su uniforme de gala, Mike East y otros dos guardias del Cuerpo de Marines apostado en la embajada de Estados Unidos en La Habana llevaron a cabo una triste misión en el invierno de 1961.

Estos marines arriaron la bandera que ondeaba en la embajada mientras los últimos miembros que quedaban del Cuerpo Diplomático se preparaban para salir de Cuba un día después de que Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con el gobierno de Fidel Castro.

El miércoles, Mike East, uno de los guardias que arrió la bandera el 4 de enero de 1961, murió de cáncer pulmonar en Memphis a los 81 años, afirmó su hijo Stanley. Pero East había vivido lo suficiente para, junto con sus antiguos compañeros marines veteranos, cumplir su sueño de regresar a La Habana para volver a izar la bandera de Estados Unidos.

El 14 de agosto de 2015, East, junto con Jim Tracy y Larry Morris, con quienes se había mantenido en contacto al paso de los años, participaron junto con el secretario de Estado John Kerry en una ceremonia para celebrar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba promovido por el presidente Barack Obama que se formalizó el 20 de julio.

Tracy, quien había sido el marine de más alto rango de los tres guardias, le entregó una bandera estadounidense doblada a un marine en servicio, quien la izó en el mismo edificio donde, 54 años antes, los tres marines habían quemado documentos confidenciales y se habían abierto paso entre cientos de cubanos que hacían fila con el fin de agotar la última oportunidad de obtener una visa de entrada a Estados Unidos para arriar la última bandera que había ondeado en la embajada, antes de salir de Cuba en barco.

Desde 1961, el edificio de la embajada fue usado por funcionarios suizos que quedaron a cargo de los asuntos de Estados Unidos en Cuba. Ahora volvía a ser la embajada estadounidense.

“Él estaba extasiado; le traía muchos recuerdos”, señaló Stanley East al recordar las emociones de su padre por el izamiento de bandera.

El día posterior a esa ceremonia, David N. Arizmendi, un funcionario de comunicaciones del Departamento de Estado, realizó un recorrido por La Habana con los tres veteranos.

“Lo que hizo de ese momento algo poderoso fue la calidad humana que se sintió”, recordó el sábado Arizmendi, quien ahora es agregado de prensa de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Ellos representaban el aspecto humano de las relaciones bilaterales de una manera en que los documentos no lo hacen. Eran unos niños cuando dejaron la isla y regresaron hechos unos hombres”.

East había sido guardia de la embajada durante casi dos años y había llegado a amar a Cuba. “Te acuerdas de los buenos tiempos, de la gente que conociste, de las amistades”, señaló en un video del Departamento de Estado unos días antes del izamiento de la bandera en 2015. Pero sus recuerdos entrañables iban más allá de eso.

En 1959, East había sido uno de los dos únicos afroestadounidenses en su grupo de entrenamiento para guardias de embajadas en Parris Island, Carolina del Sur.

Arizmendi comentó que East, quien nació y creció en Mobile, Alabama, le decía “lo sorprendido que estaba en Cuba al ver lo que él percibía como igualdad racial y lo diferente que era de lo que había visto durante su infancia en el Sur Profundo”.

Francis Woodie East, conocido como Mike, nació el 8 de octubre de 1938 y fue uno de los cinco hijos de Jacob y Sally (Robbins) East. Se enlistó en el Cuerpo de Marines después del bachillerato, hizo dos periodos de servicio en la guerra de Vietnam como jefe de mantenimiento de transportes de motor y, posteriormente, fue reclutador de marines.

Se retiró del Ejército como sargento de artillería tras 22 años de servicio y luego trabajó como cartero en Memphis, Tennessee, donde se habían establecido algunos de sus familiares a principios de la década de 1970.

Además de su hijo Stanley, a East le sobreviven su esposa, Alice (Harris) East, enfermera y maestra de primaria; su hijo Michael; una hermana, Dora Miller; un hermano, Alphonse; tres nietos, y un bisnieto.

Jim Tracy, un combatiente veterano de la guerra de Vietnam, pasó 30 años en el Cuerpo de Marines, se retiró como sargento primero de artillería y ahora vive en Alabama. Cuando el domingo le preguntaron si había pensado que él y los otros dos marines alguna vez volverían a izar de nuevo una bandera en Cuba, contestó: “Dijimos que lo haríamos cuando la arriamos”.

En la ceremonia de 2015, su sentir era: “Gracias, Señor. Finalmente hemos regresado”.

El tercer guardia, Larry Morris, trabajó como mecánico después de retirarse del Ejército con el grado de cabo y ahora vive en Virginia Occidental.

En septiembre de 2015, el congresista Steve Cohen, representante del distrito donde vivió East en sus últimos años, le entregó la bandera estadounidense que ondeaba sobre el Capitolio el día del izamiento de bandera.

En su discurso durante la ceremonia en La Habana, Kerry dijo: “Hace 54 años, estos caballeros prometieron regresar a La Habana e izar en la embajada de Estados Unidos la bandera que arriaron ese lejano día de enero. Hoy, en representación del presidente Obama y del pueblo estadounidense, los invito a cumplir esa promesa al entregar la bandera de las barras y las estrellas para que la icen los miembros de nuestro destacamento militar actual”.

“Larry, Jim y Mike, es su momento de pronunciar las palabras que enorgullecerían a cualquier diplomático, así como a cualquier miembro del Cuerpo de Marines de Estados Unidos: ‘Promesa hecha, promesa cumplida’. Gracias”. ( Cortesía: Infobae)

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