Mitad de la población cumple con las medidas de distanciamiento social.

BRASIL.- según datos de ubicación móvil, un poco menos de la mitad de la población cumple con las medidas de distanciamiento social.

Es verdad que algunos no tienen otra opción excepto seguir transportándose a sus empleos, ya que son trabajadores independientes a los que no les pagan lo suficiente, trabajadores esenciales o simplemente empleados explotados. Sin embargo, muchos sencillamente confían en los superpoderes de su sistema inmunitario y niegan lo grave de la pandemia o dependen de los esfuerzos del resto de nosotros.

Cada tarde puedo ver desde mi ventana a un grupo de hombres que charlan en la acera y beben cerveza, como si estas fueran unas alegres vacaciones.

El otro día fui a la farmacia para surtir una receta médica y vi a un grupo de tres mujeres que estaban en el área de barnices para uñas, sin cubrebocas, por supuesto. Hace poco, escuché de alguien que había decidido retomar sus clases de pilates, como si su salud fuera más importante que la de los demás.

A finales del mes pasado, Brasil marcó un récord: nuestra cifra diaria de muertes rebasó a la de Estados Unidos. Tenemos una tasa de contagios que garantiza que ocurrirán más muertes. Hemos tenido más de 690.000 casos diagnosticados de coronavirus y 36.000 muertes y, aun así, los números reales probablemente son mucho más altos, hemos realizado pruebas de manera tan limitada que simplemente no lo sabemos.

En otras partes del mundo, la curva de crecimiento de infecciones se está aplanando o reduciendo; aquí, más bien está creciendo.

Los hospitales están al borde del colapso; igual que las morgues y los cementerios. En la ciudad amazónica de Manaus, las muertes se han incrementado a tal grado que el cementerio principal ha comenzado a enterrar cinco ataúdes al mismo tiempo en tumbas compartidas.

Dado lo sombrío de las estadísticas, uno podría esperar de forma razonable que la población comenzaría a apegarse de manera estricta a los protocolos de salud y seguridad. Sin embargo, eso no está pasando. 

A medida que los casos se propagan, igual lo hace el desprecio de ciertas personas en las calles por las medidas de distanciamiento social. Y es fácil determinar con precisión una de las principales razones de este desprecio: nuestro presidente.

Desde el inicio de la pandemia, Jair Bolsonaro ha demostrado desdén por todo lo que no se ajusta a sus intereses personales, especialmente si son noticias basadas en hechos o recomendaciones científicas. En el pasado, dijo que la COVID-19 es un “resfriado miserable” y que el pueblo vería que fue “engañado” por los gobernadores y los medios respecto al brote.

El 12 de abril, cuando ya habían muerto más de mil brasileños, proclamó que “el asunto del virus» estaba “comenzando a desaparecer”. Cuando esto resultó falso, pasó sus jornadas combatiendo las cuarentenas estatales y municipales, al calificarlas como desastrosas para la economía del país.

Fuente: Infobae

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