Militando en una posición de principios.

Si el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica ha alentado de manera sistemática el derrocamiento de gobiernos en Venezuela, es porque le interesa dominar las riquezas de ese país. Lo demás es puro cuento.
Desde que se hizo imperialismo, y convirtió su república en una fachada al servicio de sus monopolios, la clase dominante de los Estados Unidos de Norteamérica ha puesto principal interés en apropiarse de las riquezas de los países que a ese propósito supone que debe dominar.
Nunca ha sido de su interés la democracia ni los derechos humanos, como ha quedado claro en la historia del pueblo dominicano y la de otros, y en este momento la del venezolano.
El golpismo que alienta hoy en Venezuela, no es actitud de ahora; ni es siquiera exclusivo contra el chavismo. Es práctica vieja y conocida.
Para no ir muy lejos atrás en la historia venezolana, baste destacar el golpe de Estado del general Juan Vicente Gómez contra el gobierno legítimo y legal de Don Cipriano Castro en 1908.
Este gobierno, para nada de izquierda; pero si defensor de los recursos naturales y partidario de un rumbo centrado en los intereses nacionales, fue derrocado porque plantó cara a las políticas colonialistas de los gringos, especialmente las impulsadas por el presidente Theodore Roosevelt.
De hecho, llevó a los tribunales a varias empresas de los Estados Unidos y otros países desarrollados, que contrariaban los intereses de Venezuela.
Entre 1902 y 1908, tuvo que enfrentar guerras civiles alentadas por los gringos; además de bloqueos marítimos y varias conspiraciones en el mismo palacio de gobierno.
Fue derrocado como se ha dicho más atrás, por el general Juan Vicente Gómez, quien una vez tomó las riendas del poder, comenzó a hacer todo lo conveniente a los intereses gringos. La causa del golpe de Estado quedó clara en poco tiempo.
Bajo esta dictadura, que duró casi 30 años, alentada por los gringos, hay que subrayarlo una y otra vez, Venezuela entregó su petróleo a multinacionales extranjeras; se convirtió en un país dependiente de la renta petrolera, aún y cuando disponía de otros enormes recursos mineros y agropecuarios para un desarrollo multilateral.
Ahí comenzó Venezuela a perder soberanía autoalimentaría, porque lo que había comenzado a hacer el gobierno de Don Cipriano Castro en materia de desarrollo agropecuario, fue revertido por la dictadura de Juan Vicente Gómez.
Aquel golpe, fue una versión trágica de la historia que los gringos han querido escribir para Venezuela. Misma que quisieron en el 2002 con el frustrado golpe de Estado al gobierno del Comandante Chávez, y el llamado «golpe petrolero» del 2003.
Hoy, estamos frente a una versión cómica de ese interés. El gobierno gringo, con un tal Juan Guaidó como títere, que se ha autoproclamado presidente, vuelve otra vez a sus andanzas golpistas amparado en el discurso manido de ”defender la democracia».
Pero en realidad, le interesa los yacimientos de petróleo, gas, oro, diamante, cortan y otros recursos abundantes en Venezuela; como les interesó cuando derribaron en 1908 al gobierno de Don Ciprian Castro, que no era para nada de izquierda.
Por encima de cualquier otra consideración, en Venezuela se juega el derecho a la autodeterminación de su pueblo.
El pueblo dominicano, ni nadie que se considere así sea mínimamente demócrata o patriota, puede ser indiferente, y mucho menos cómplice, con la intentona golpista que desarrolla en ese país. Porque nuestro pueblo también ha sido víctima de un golpe de Estado como el perpetrado al gobierno del profesor Bosch en 1963 y de la intervención militar norteamericana el 28 de abril de 1965, los cuales cambiaron el rumbo de progreso, democracia y justicia social que quisimos los dominicanos.
Venezuela y sus recursos, para los venezolanos. Ellos, libres de injerencias norteamericanas o de cualquier otro gobierno, son los que deben decidir su destino.
Por Manuel Salazar