¿Les digo algo?

El pueblo, experto en analizar la situación política nacional, teme que el presidente Danilo Medina haya perdido la ecuanimidad y la cordura que siempre se le ha atribuido, atribulado por la posibilidad de ser el primer presidente sometido a los tribunales por abuso de poder y permitir el socavamiento del Estado durante sus periodos de gobierno.

Algunos piensan que quizás por eso Medina no ha sopesado, o no le importan, las consecuencias de las medidas que ha estado tomando en los últimos días de su segundo mandato que culminará este 16 de agosto con la asunción de Luis Abinader, elegido Presidente Constitucional de la República en las elecciones del pasado mes de julio.

En los días finales de su mandato, Medina ha procedido como estilaba el presidente Joaquín Balaguer, quien hizo famosos los festivales de inauguraciones de obras inconclusas y de pensiones a adláteres, otorgamiento de concesiones y asignación de recursos estatales, entre otras medidas ordenadas al vapor, para beneficiar personas vinculadas al partido que lo llevó al poder, a funcionarios y allegados del gobierno.

La inauguración de una obra terminada en abierto desacato de sentencias judiciales definitivas, la asignación por decreto de la concesión para la construcción de un aeropuerto a escasa distancia de otros dos en la región Este del país y la convocatoria a concursos que comprometen funciones y recursos estratégicos constituyen indicadores preocupantes para una parte importante de la población.

Así como la pandemia evidenció las ineficiencias y las precariedades de los sistemas de salud del mundo, especialmente del dominicano, ha puesto al desnudo el descalabro sufrido en el Estado y sus instituciones debido a la visión clientelar, la corrupción, la inacción y la incapacidad de la mayoría de los funcionarios que fueron parte de la gestión política que concluye este mes de agosto 2020.

La gente entiende que las medidas del presidente Medina tienen el deseo expreso de hacer sentir al pueblo y a sus adversarios políticos que todavía tiene el poder para imponer su voluntad, asumiendo la misma actitud prepotente que lo acompañó en sus responsabilidades políticas en el Partido de la Liberación Dominicana.

Creen que el prestigio alcanzado en su partido, donde se destacó como estratega de primera línea de la organización fundada por el profesor Juan Bosch, lo llevó a tratar de imponer sus ideas al resto de los dirigentes y la militancia, al margen de cualquier disidencia, generando desunión e inconformidad al interior de la entidad política.

La pérdida de empleos, la caída del Producto Bruto Interno y la parálisis económica exigen una conducta mesurada, responsable e inteligente en los protagonistas del proceso.
Desbrozar caminos y no sembrar minas, cavar fosas o colocar obstáculos en la ruta que habrán de emprender quienes asumirán la dirección de los destinos del país debe ser la tarea a cumplir en los últimos días del mandato del presidente Danilo Medina.