La amenaza y los pros…

Por: Francisco S. Cruz

Creo, es más casi estoy convencido, que, detrás de los detractores de la sentencia TC-168-13 -a pesar de algunos aspectos que se corrigieron con la ley 169-14 (una salida
humanitaria), hay toda una vieja agenda supranacional, cuyos promotores nacionales son parte de la “sociedad civil”-ONGs e intelectuales-periodistas, subvencionados por
agencias extranjeras y algunos que otros gobiernos -solapados- cuyos objetivos fácticos-estratégicos parecerían dos: a) hacer viable una fusión -sui géneris- de las dos
sociedades (un absurdo e imposible por razones étnicas-históricas-culturales), o b) “legalizar” una suerte de invisibilidad de la frontera, lo cual casi es un hecho; al tiempo
que, a través de ciertas gendarmería internacional (sistema de derechos “humanos”
universal e interamericano), ir drenando y supeditando aspectos cardinales de la autodeterminación y soberanía de los Estados como fronteras, legislación-nacional y régimen de ciudadanía-extranjería en nombre de una universalidad o constitución- supranacional -pero solo para los países pobres o en vía de desarrollo- bajo un régimen de derecho internacional-universal. En otras palabras, allí donde un país o “conglomerado humano” no sea viable, esa superestructura -de poder económico- geopolítico-, a través de sus agencias y personeros nacionales, alienta solución-fusión, crisis políticas, humanitarias o conflictos bélicos que devienen en desplazamientos ciudadanos, refugiados, migración o, asentamientos humanos-fronterizos que, generalmente, terminan en transculturización o “derechos adquiridos”-litigios que ese doble sistema de “derechos humanos universal” le reclamará y exigirá -cumplimiento- al país más “desarrollado” -como en el caso RD-Haití-. Y por más disfrazado que este, esas son las variables-estrategias del plan.
Por supuesto, y aunque a la comunidad internacional, su sistema de derechos humanos universal y sus asalariados nacionales, no los quieran entender (¿?): en el caso concreto, República Dominicana y Haití, hay una realidad -étnica-histórica-cultural- insoslayable: somos dos pueblos diferentes -idiomas, religión, pasado colonial e idiosincrasia-; pero, además, y que se los fijen -en discos duros-, la República
Dominicana ¡jamás ha invadido ni sojuzgado a Haití (1805-Moca-1822-1844)! Y segundo, ¡No hay un país, en el mundo, que haya sido más solidario y receptor de nacionales haitianos -que, dicho sea de paso, sus autoridades, históricamente, han sido, sospechosamente, negligentes en documentar- que la República Dominicana!
Ya es hora de reiterar, a la comunidad internacional, esa historia, la ayuda solidaria- humanitaria y la insostenible migración-haitiana que carga-soporta nuestro país -aunque
en ello hay también un beneficio económico-laboral-mutuo-. Por ello, abogo por una migración haitiana ordenada y regulada.
Además, invitamos -a esa gendarmería internacional y a sus lacayos-vendepatrias (entre ellos: intelectuales-periodistas-curas) “agentes-extranjeros”- echar una mirada étnica-geográfica-cultural más holística sobre la deplorable situación existencial y de invisibilidad étnica-cultural de miles de ciudadanos -afrodescendientes-indígenas- en nuestro hemisferio-Norte-Sur-Centroamérica (¡Dejemos la doble moral -anteojera- internacional-!).

El autor es político y ensayista