Industria automotriz argentina le tuerce el pulso a la cuarentena

 La industria automotriz argentina tocó fondo en abril, el primer mes completo de la cuarentena que rige en el país sudamericano desde el 20 de marzo.

Desde aquel día, de las líneas de montaje no salió ni un solo vehículo, una catástrofe sin precedentes históricos. La semana pasada, poco a poco, han vuelto a la vida bajo estrictos protocolos sanitarios, con un solo turno por día y la producción a un tercio de la capacidad instalada.

En Argentina hay 12 plantas automotrices, algunas de las cuales llevan en el país sudamericano casi 100 años. En 1925, Ford construyó en Buenos Aires su primer modelo T en América Latina. Más tarde se sumaron Volkswagen, Peugeot, General Motors, Citroën y, en los últimos años, marcas japonesas como Toyota, Honda y Nissan. En Córdoba (centro norte) operan Fiat, Renault y los fabricantes de Iveco. Volkswagen produce en esa provincia las cajas de velocidades que equipan sus unidades en todo el mundo, pero los coches los fabrica en una planta en General Pacheco, a 25 kilómetros de Buenos Aires.

Las líneas de montaje se pusieron otra vez en movimiento durante la segunda mitad de mayo, previa presentación de un protocolo sanitario al Gobierno nacional. En General Pacheco, cámaras de calor colocadas en los ingresos miden la temperatura de los 1.300 empleados (sobre una plantilla de 3.500) que han vuelto al trabajo. Los obreros limpian sus manos con alcohol y sus zapatos con lejía. Un vez dentro, reciben un barbijo. “Hemos acordado más de 100 medidas de protocolo con [el sindicato] SMATA. Hubo que hacer un cambio de mentalidad, porque cada uno es responsable. Teníamos un comedor para 500 empelados y eso ya no se puede utilizar de la misma forma”, explica el director de Recursos Humanos de la firma alemana, Darío Carosella.

Volkswagen importó a Argentina los protocolos de su casa matriz y los adaptó a las necesidades locales. La empresa, por ejemplo, debe transportar a sus trabajadores, porque la población tiene limitado el acceso al sistema público para evitar aglomeraciones. La planta también tuvo adaptaciones. En las mesas de descanso se quitó una silla por medio para garantizar la distancia social, las máquinas se sanitizan periódicamente y donde los operarios trabajan cara a cara se colocó un acrílico separador. Las medidas de protección se trasladaron a los proveedores. ( cortesía: el pais)

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