El problema no es de Antonio

                             Por: Néstor Estévez

Recuerdo con gratitud a un maestro que, entre otras muchas cosas, me enseñó que “problema es todo aquello que tiene solución”.

Luego me enseñó una maestra, a quien también recuerdo con gratitud, que identificar responsabilidades es formidable ayuda para la solución y hasta para la prevención de problemas.

La provincia Santiago Rodríguez, como la generalidad de territorios, cuenta con acuciantes problemas y con valiosos potenciales para su desarrollo. Pero si no se procede adecuadamente, hasta los potenciales terminan convirtiéndose en generadores de problemas.

Una evidencia la tenemos en los recursos naturales que se ha pretendido cuidar con la creación del Parque Nacional Manolo Tavárez Justo, mediante decreto, en junio de 2011, en zonas correspondientes a las provincias Santiago y Santiago Rodríguez.

Aunque entre las consideraciones del decreto se hacía alusión a “preservar los nacimientos de los ríos, y con ello los ecosistemas más valiosos y Ia biodiversidad del país”, la decisión tomó por sorpresa a la inmensa mayoría de los pobladores de las zonas involucradas.

Siete años después, con sorpresa similar a la anterior, se declaró inconstitucional el decreto número 371-11, quitando la condición de parque nacional a esa parte de la Cordillera Central. Así lo expresa la sentencia 0905/18, del Tribunal Constitucional.

Entre los motivos del Tribunal Constitucional para considerar como irrazonable el decreto, se refiere la afectación a comunidades y familias que quedaban en situación de vulnerabilidad e incertidumbre.

Ahora asoman posiciones encontradas sobre qué hacer con los recursos naturales de la referida zona. Desde conservación absoluta hasta pretendida explotación minera, pasando por desalojo de sus pobladores, son algunas de las “soluciones” que muchos alcanzan a ver.

A menos que se quiera complicar la solución, con posibles fines espurios, el problema ha de ser abordado de manera colectiva e integral. No se trata de un problema de Antonio, Carmen, Ignacio o Mercedes. Se trata de gestionar potenciales para el desarrollo, preferiblemente sostenible, de un territorio.

El desarrollo territorial implica compartir una visión, un horizonte, una finalidad o cualquier iniciativa que se convierta en meta común para los actores que intervienen en el devenir de una demarcación.

Cuando las acciones que inciden en un territorio no cuentan con participación activa y diversa suelen tener vida efímera y, aunque vayan cargadas de las mejores intenciones, terminan contribuyendo con la fragmentación y el consecuente debilitamiento de los procesos que procuran real mejoría.

La adecuada gestión del territorio debe contar con integración de autoridades gubernamentales, pobladores, sector privado y academia. En este caso concreto implica participación activa de gobierno, habitantes de las cuencas directamente involucradas, habitantes de las poblaciones beneficiarias de las cuencas, inversionistas ecoturísticos, fabricantes de casabe, agricultores, ganaderos, apicultores, especialistas, organizaciones medioambientales y cualquier otro sector que demuestre real compromiso de cara a la sustentabilidad.

La participación es determinante para lograr desarrollo territorial sostenible. Solo con adecuados canales de deliberación colectiva y visión compartida, comprendida y apropiada, lograremos avanzar de manera equilibrada en Santiago Rodríguez.