El PLD: sentimiento nacional y vocación de poder

Por: Francisco S. Cruz

 

No hay duda de que, a pesar de las turbulencias -endógenas-exógenas, el PLD es un sentimiento nacional cimentado, básicamente, en dos referentes: la escuela política que forjó el profesor Juan Bosch y la impronta de una obra de gobierno innegable -20 años de gobiernos peledeísta-, con énfasis, 2012-2020, en la deuda social histórica acumulada…, sin obviar errores y extravíos… (luces y sombras).

A esos dos aspectos -escuela política y obra de gobierno-, se suman otros dos factores, de capital importancia política-electoral, que sus adversarios y detractores suelen subestimar o pasar por alto: a) el PLD es un partido de altísima vocación de poder; y b) es un partido que sabe construir “mayoría electoral” y hacer alianzas políticas-electorales de visión estratégica no sólo táctica-coyuntural que sólo generan triunfos electorales episódicos, sin más futuro que ese un momento electoral-coyuntural.

Cierto, que, en estos momentos el PLD atraviesa, quizás o sin quizás, una situación difícil, pues al tiempo que perdió el poder -como tenía que suceder en algún momento-, más que nada por desconexión social, desgaste en el poder, evento imprevisto (llámese covid-19), salida-oposición de su otrora presidente y déficits de manejo mediático-perceptivo, está sumergido en un especial Congreso y enfrentando, al mismo tiempo, los reflujos de la salida, impostergable, de una cohabitación-pugna de liderazgos insostenibles que, ya afuera, no encuentra, en otro nicho -que no sea el PLD-, seguidores nuevos y ello explica el reciclaje de juramentaciones dada la imposibilidad de atraer o concitar apoyo ciudadano más allá de la noria-corifeo -de cliché y cara conocidas- que les siguen en su trasnochado caudillismo-transfuguismo. Y para colmo, bisagra-aliado del PRM.

Esa realidad sociopolítica-electoral; aunque parezca mentira, es la que reafirma al PLD como partido mayoritario y principal partido oposicionista y, en consecuencia, llamado a ser el partido a confrontar de cara al 2024, pues el PRM, aun estando en el poder, es un partido en construcción, con la agravante e incógnita, que lleva a cuesta -y a un altísimo costo-riesgo- una franquicia (agencia de empleos) que se ha planteado sobrevivir a esa sombra-condición -por más alharaca de simulación oposicionista que ensaye-, en su afán de vender ser opción de poder con carabina y liderazgos vencidos.

Y en esa dinámica, es poco probable que el escenario político-electoral 2024, no sea este: el presidente Luis Abinader queriendo repetir; Leonel Fernández volviendo a fingir ser candidato, y por supuesto, el PLD y su candidato -que, de seguro, no será un expresidente- encabezando un gran frente o coalición política-electoral. Tal escenario, es casi, y como vemos, crónica política anunciada……, a menos, que un outsider, en ciernes y que aún no aflora, altere ese previsible escenario político-electoral.

Lo de quién ganará -2024-, dependerá, de alguna forma, de lo que el PRM, en término de realizaciones de gobierno haga -porque no hay forma de evitar comparaciones ciudadanas: PLD-PRM-, y de cómo el PLD sortee-reafirme su visión estrategia de poder; y ello pasa, por el éxito de un congreso que procure unidad y diversidad en medio de remanentes y rebeldes -de múltiples agendas- que no dejan de entender que un partido político es una construcción histórica-dialéctica, de altas y bajas; y mas si ha pasado por el poder. Por lo tanto, post-Congreso, la tarea es: presentar un liderazgo renovado y hacer oposición política constructiva-propositiva y antagónica al mismo tiempo, trayendo al debate nacional las reformas pendientes y que partido, en el ejercicio del poder, ha exhibido mejor desempeño.

¡No nos engañemos!