Casa “…de la democracia” ¿leí bien?

Por: Francisco S. Cruz

Hace poco el expresidente de la JCE, Roberto Rosario Márquez -“El Inquieto Anacovero”, con perdón a la memoria del incomparable e inolvidable, Daniel Santos-, por boca de ganso, su jefe político,  declaró  que lo de la presidencia de la Junta Central Electoral fue “propuesto” (¿?) por el presidente Luis Abinader a Leonel Fernández; mientras que, por otro lado, el entrante presidente de la JCE, Román Andrés Jáquez, declara que esa institución será “casa de la democracia”. Sin embargo, habemos, como quien escribe, quienes pensamos que, a “confesión de parte…” -lo dicho por Rosario-, la “confianza” no se pide se gana, y tal cual se armó ese muñeco, el de la JCE actual, habría que ver si el cobijo-sustantivo “casa” no deviene en caza. ¡Ojalá que no!

Y es que no había necesidad de imponer a un aspirante –Román Andrés Jáquez– ya cuestionado por el principal partido de oposición -el PLD-, pues resultaba contraproducente que de tantos “independientes” de la Plaza de la Banderas y Marcha Verde no apareciera, además de Patricia Lorenzo Paniagua, otro.

Cada vez se hace más visible cómo el expresidente Leonel Fernández se empecina en lograr espacios y resortes de poder que las urnas no les dieron, pero que consigue bajo el tutelaje de una alianza que empezó en un avión y terminó en cuasi subasta pública. Porque fue redondo el simular ser dizque candidato, cuando, de antemano, se tenía al otro para el puesto (Leonel sabía que, en julio-5, 2020, no llegaba ni a la esquina). Y si los feligreses de la Fuerza del Pueblo -o Fupú – no lo vieron, no lo “cacharon”, o se hicieron los pendejos. ¡Allá ellos…!

No obstante, ese tejemaneje del expresidente es impostura-mancuerna de “democracia” chueca que la gente, tarde o temprano, le reclamará, adentro y afuera, a este gobierno pues se obvia, adrede, que se habló de “Cambio” y queochocuánto; pero lo que estamos viendo es un 4.69% -el de Leonel Fernández- que lo quieren imponer rompiendo las reglas de la representatividad democrática que, por supuesto, no la puede representar un tránsfuga.

Así, nos podemos pasar este cuatrienio, sin pena ni gloria, pero le toca al PRM-Gobierno escoger lo que le conviene; pero luego, cuando la crisis global apriete y la correlación fuerzas parlamentarias lo exija, que no quiera recurrir a consensos y pendejadas teniendo, a mano y a pedir de boca, a uno de los más grandes “pensadores” universales y paladín de la democracia internacional -de discursos-sofismas-; y, cuando menos los esperen, de adversario-candidato sigiloso…

Para entonces, el balance será: un cuatrienio que se fue, cuál “agua de borrajas”, en complacer a un aliado hecho triza y devaluado en su eterno afán de volver volver. En fin, hay fijaciones y alianzas que matan. ¡Pero, allá ellos!

El autor es político y ensayista