La segunda oportunidad que amanece cada día

Por: Ana Maria Dominguez

Apenas cinco días faltan para despedir el 2020, el año que tantas tristezas, preocupaciones y desasosiegos nos ha traído. El año que, con mayor fuerza, nos ha hecho repensar nuestra vida, no solo por las modificaciones de las dinámicas cotidianas, sino porque nos ha puesto delante la encrucijada del sentimiento, esa que define cuánto podemos querer a los demás y a nosotros mismos a partir de nuestras propias conductas.

El 2020 les arrebató la paz, la tranquilidad y en algunos casos —hasta la vida—, a muchas personas en el mundo. A otras tantas les regaló tiempo, una variable inalcanzable a ratos y que, por imponerse una cuarentena hogareña, fue posible abrazar para hacer todo aquello que por no disponer de ella, justamente, ahora se pudo hacer.

Los días transcurridos desde que en cada latitud de este planeta se emitió la alarma relativa a la propagación de la COVID-19, han sido días atípicos por su forma y manejo, pero prefiero pensar —ahora que poco falta para despedir el año—, que de esas jornadas se despertó la solidaridad, el humanismo, la entrega, la capacidad para perdonar, el empuje para avanzar, la responsabilidad, el apego a la vida…

Sin embargo, ahora que la nueva cepa del virus VUI-202012/01 reportada se presenta con un 70 por ciento más de contagio que la original, y que los vuelos aéreos interconectan personas, modos de actuar y responsabilidades individuales, es preciso pensar que aunque el 2020 termine, el 2021 puede «arrastrar» la catástrofe de la pandemia si no reforzamos con ahínco las medidas sanitarias.

El arribo al país de viajeros desde el exterior pone en jaque a nuestro sistema de Salud Pública, que tiene que laborar intensamente y perfeccionar métodos de trabajo, con el objetivo de ganar en rapidez y coherencia.

Por ello, se estableció que a partir del próximo 10 de enero todos los que lleguen traigan un PCR en tiempo real realizado como máximo 72 horas antes por laboratorios certificados de los países de origen. Luego, es imprescindible que respeten el aislamiento (al igual que sus familiares y amigos) y que esperen el resultado del segundo PCR que se le realice, el cual —e insisto en esto— debe hacerse saber en el menor tiempo posible para evitar conductas irresponsables amparadas en la desinformación inoportuna.

Por otra parte, más allá de los casos que pudieran importarse al país, los que aquí convivimos debemos continuar con la recia autoconciencia que impida multiplicar los casos en una nacion que, como en ninguna otra, tiene como prioridad salvar las vidas, pero que no puede hacerlo sin la ayuda de todos.

No es posible que los cambios que Cuba asumirá a partir del 1ro. de enero nos hagan olvidar que la COVID-19 sigue entre nosotros, con la letalidad peligrosa que acarrea. No puede ser que, preocupados por el ordenamiento monetario y las modificaciones en nuestros gastos e ingresos posteriores, desestimemos la importancia de usar correctamente el nasobuco, lavarnos las manos constantemente y mantener un metro de distancia como mínimo al hablar con otros. ¿Que una cosa no tiene nada que ver con la otra? Pudiera pensarse así, pero ya es sabido que cuando nos enfocamos con fervor en un asunto, otros quedan desplazados.

Mantengamos el amor a la vida y hagámoslo trascender en el día a día. No pongamos sobre los hombros de otros lo que cada uno de nosotros puede hacer. No es un sermón de fin de año, es un llamado a volver sobre lo más importante. Los que ya no están en este 2020 seguro agradecerían una segunda oportunidad. La tenemos en cada amanecer. Aprovechémosla.

anamaria@juventudrebelde.cu